
Las lesiones de tendones peroneos en Monterrey se presentan comúnmente en corredores y pacientes con esguinces de repetición. Su diagnóstico preciso evita la debilidad crónica al caminar y la inestabilidad del retropié.
Los tendones peroneos (corto y largo) discurren juntos por detrás del maléolo lateral (el hueso prominente en la cara externa del tobillo). Su función principal es la eversión del pie (llevar el pie hacia afuera) y actuar como estabilizadores dinámicos para evitar que el tobillo se doble hacia adentro. Están sujetos por una estructura llamada retináculo peroneal que los mantiene en su riel.
Estas estructuras pueden sufrir tres problemas principales: la tendinitis (inflamación por sobreuso o fricción), los desgarros longitudinales (rupturas a lo largo del tendón debido a sobrecarga crónica) y la luxación de peroneos, que ocurre cuando el retináculo se rompe tras un esguince severo, provocando que los tendones se “salgan” de su lugar y pasen por encima del hueso al caminar.
El diagnóstico puede ser complejo porque comparte zona con los esguinces laterales. En mi práctica en Monterrey, palpamos directamente el trayecto de los tendones y pedimos al paciente que realice fuerza hacia afuera contra resistencia. El ultrasonido dinámico en el consultorio y la Resonancia Magnética son las herramientas definitivas para observar desgarros internos o la presencia de líquido inflamatorio.
La tendinitis inicial responde bien a la inmovilización temporal con bota walker, fisioterapia enfocada en estiramientos, y el uso de plantillas para corregir pisadas supinadoras. Si existe un desgarro sintomático que no cede o una luxación franca donde los tendones brincan continuamente, se indica cirugía para reparar el tendón (tenoplastia) y profundizar el canal óseo para que no se vuelvan a desplazar.
Considera una valoración si después de varias semanas de un esguince sigues sintiendo un dolor punzante detrás del hueso externo, si escuchas un “clic” audible acompañado de un brinco en el tobillo, o si notas debilidad para mantener el equilibrio en un solo pie.
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Sí, es uno de los errores diagnósticos más frecuentes. La diferencia es que el dolor del esguince suele estar adelante del hueso, mientras que la lesión peroneal se localiza justo detrás y arriba de este.
El roce constante contra el hueso deshilacha los tendones de forma progresiva, lo que puede llevar a una ruptura completa y a una deformidad rígida del pie a largo plazo.
Requiere un periodo de inmovilización inicial de 2 a 3 semanas, seguido de un apoyo progresivo con bota protectora y fisioterapia intensa, alcanzando el alta deportiva entre los 3 y 4 meses.
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