
En la práctica de la traumatología en Monterrey, recibo con frecuencia pacientes que han normalizado el dolor: “Doctor, mi tobillo se me dobla seguido, pero me pongo hielo y se me pasa”. Este es un error común. Los esguinces repetidos indican que los ligamentos, encargados de dar soporte a la articulación, han quedado estirados o rotos, dejando al tobillo sin su “cinturón de seguridad”.
El tobillo depende de un grupo de ligamentos laterales. Cuando ocurre un esguince, estos se estiran o desgarran. Si no se tratan correctamente:
Cicatrización deficiente: Los ligamentos cicatrizan con tejido laxo (flojo).
Falla propioceptiva: El cerebro pierde la capacidad de sentir dónde está el pie en el espacio, haciendo que no reaccionemos a tiempo antes de una nueva caída.
Desgaste prematuro: El movimiento anormal (“bailoteo” del hueso) erosiona el cartílago, iniciando un proceso de artrosis temprana.
La cirugía nunca debe ser la primera opción. Antes, debemos agotar un programa de rehabilitación avanzada:
Fortalecimiento neuromuscular: No solo es ganar fuerza, es “reeducar” al músculo para que se contraiga en milisegundos cuando siente que el tobillo va a doblarse.
Terapia de propiocepción: Ejercicios sobre superficies inestables que obligan al cerebro a recuperar el control fino de la articulación.
Uso de órtesis: En fases iniciales, un soporte externo puede ayudar a prevenir nuevos esguinces mientras fortalecemos la musculatura estabilizadora.
Como especialista, recomiendo valorar una intervención quirúrgica (reconstrucción de ligamentos) bajo criterios muy específicos:
Fallo del tratamiento conservador: Si después de 3 a 6 meses de rehabilitación profesional, el tobillo sigue “cediendo” (giving way) en actividades cotidianas.
Inestabilidad mecánica objetiva: Cuando en la exploración física o pruebas de estrés radiológico se evidencia que el hueso (astrágalo) se desplaza excesivamente.
Demanda funcional: Pacientes (deportistas o personas con alta actividad física en Monterrey) que no pueden arriesgarse a una nueva lesión que comprometa su trabajo o rendimiento.
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Generalmente porque se detuvo el tratamiento en cuanto disminuyó el dolor. El proceso de recuperación requiere devolver la fuerza y la coordinación (propriocepción) al tobillo, no solo esperar a que baje la inflamación.
El roce anormal de la articulación debido a la inestabilidad causa desgaste prematuro del cartílago, lo que eventualmente deriva en una artrosis de tobillo (desgaste articular) a largo plazo.
Depende de la técnica, pero en promedio, el paciente regresa a actividades cotidianas en pocas semanas y al deporte de impacto entre los 4 y 6 meses.
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